
Hay carreteras que se disfrutan más por el camino que por el destino, y el tramo de la C-31 entre Castelldefels y Sitges es una de ellas. Conocida como las Costas del Garraf o las Curvas del Garraf, son aproximadamente 23 kilómetros y cerca de 86 curvas bordeando el Mediterráneo y los acantilados del Macizo del Garraf, dentro del parque natural. Se la considera una de las carreteras más bonitas de Barcelona y una de las más espectaculares de España, y no es para tanto: el asfalto se cuela entre la roca y el mar durante todo el trayecto.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Barcelona y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
Un par de cosas antes de salir. La vía es estrecha en algunos puntos y apenas tiene arcenes, así que conviene ir con calma, sobre todo los fines de semana y en temporada alta, cuando la comparten conductores, motoristas y ciclistas. El sentido recomendado es el de Sitges hacia Castelldefels, que es el que mejor deja aprovechar los miradores y los apartaderos para parar y hacer fotos. El paisaje combina el azul del mar con el macizo del Garraf, con sus formaciones rocosas y un matorral que llega a los tres metros junto a los palmitos.
A lo largo del recorrido aparecen varias calas para bajar. Cala Morisca es una playa nudista encajonada entre acantilados, con arena fina y rocas, unos 140 metros de largo por 50 de ancho, con un restaurante, El Chiringuito, y una terraza, El Mirador, sobre el acantilado; abre de 10:00 a 18:00, tiene duchas, tumbonas y alquiler de sombrillas, y el aparcamiento es de pago y no vigilado, con más de cien plazas. La Playa del Garraf, cerca de la estación de cercanías, conserva las casetas blancas y verdes construidas hace casi un siglo y mide unos 380 metros; Cala Ginesta es pequeña y se accede por un caminito de madera; la Playa de Vallcarca es la dogfriendly del grupo, con arena fina y guijarros; y la Platja de la Marina d'Aiguadolç queda junto al puerto deportivo de Sitges, con bares y restaurantes.
Cerca de Sitges, sobre la misma C-31, se puede ver desde fuera el Celler Güell, una obra de Antoni Gaudí encargada por Eusebi Güell entre 1895 y 1901 y construida con piedra caliza extraída del propio terreno. El edificio tiene planta rectangular y perfil piramidal, con cinco plantas: dos subterráneas para bodega, planta baja de cochera y servicio, primera planta de vivienda y un porche-mirador superior con capilla. Hoy funciona como restaurante para banquetes y no se puede visitar por dentro, aunque el plano original firmado por Gaudí se conserva en el Arxiu Històric de Sitges. La zona tiene historia antigua, probablemente cartaginesa o romana, y la carretera en sí data de finales del siglo XIX, reformada hace más de una década. Un plan redondo para una escapada corta desde Barcelona.
Fecha de publicación
13 de septiembre de 2026
Más información