
Si te apetece una escapada en coche o en moto que combine mar y montaña sin alejarte demasiado, hay una ruta clásica que sale desde Barcelona y se adentra en la Costa Brava. Son unos 260 kilómetros, con una duración aproximada de cuatro horas y media, y lo interesante no es tanto el destino final como el trayecto.
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La salida se hace por la C-31 en dirección a Badalona, y desde ahí se sigue por la A-32, la autopista del Maresme, hasta entrar en la provincia de Girona y llegar a Blanes. Blanes es un antiguo pueblo pesquero que se considera la puerta de entrada a la Costa Brava, y su origen se remonta a las épocas ibérica y romana. En 2007 recibió el certificado de Destino turístico familiar. Su playa principal, de arena fina y dorada, está junto al puerto y a la derecha de la roca Sa Palomera, que marca el inicio geográfico de la Costa Brava; tiene Bandera Azul desde 1995 y ofrece duchas, baños, socorristas, estacionamiento y alquiler de sombrillas y tumbonas. La playa S'Abanell es la más grande de la zona, con 2,5 kilómetros hasta el río Tordera, también con Bandera Azul y una amplia gama de deportes acuáticos. Para quien busque algo más tranquilo, la platja de Sant Francesc, en Cala Bona, es una bahía de 200 metros rodeada de pinos a dos kilómetros del centro, votada en 2022 como una de las mejores playas de Europa. En el pueblo, el Jardín Botánico de Marimurtra, fundado por Carl Faust a principios del siglo XX sobre un acantilado frente al Mediterráneo, reúne más de 4.000 especies y se visita por 7 euros; el Castillo de Sant Joan, construido entre los siglos XI y XIII, se alza a más de 160 metros sobre el nivel del mar y conserva su torre homenaje de 15 metros.
Desde Blanes se toma la GI-682 hacia Tossa de Mar, conocida como la perla de la Costa Brava por su recinto amurallado. La Vila Vella es el único ejemplo de población medieval fortificada que queda en el litoral catalán y fue declarada Monumento Nacional en 1931. Se levantó entre los siglos XII y XIV para defenderse de la piratería y conserva siete torres circulares, entre ellas la Des Codolar, que preside la playa d'es Codolar, y la En Joanàs, la más oriental, casi sobre el mar. Dentro quedan vestigios góticos del siglo XV de la iglesia de Sant Vicenç.
El tramo siguiente es el más famoso para quien va en dos ruedas: entre Tossa de Mar y Sant Feliu de Guíxols se encadenan 365 curvas, con buen asfalto y sin atravesar ninguna localidad, una de las carreteras más reviradas que existen. Sant Feliu de Guíxols queda encajonado entre las montañas de Sant Elm y la colina de El Molí de les Forques. Allí, en la ermita barroca de Sant Elm, Ferran Agulló bautizó la Costa Brava en 1908. El pueblo conserva un monasterio románico y gótico fundado en el siglo X, con su característica Porta Ferrada, y un paseo marítimo diseñado por General Guitart en 1945. Para volver, se puede repetir el camino o seguir hasta Palamós y La Bisbal d'Empordà y tomar la AP-7 en sentido Barcelona. Si vas en domingo, el mercado semanal funciona de 9:00 a 13:30.
Fecha de publicación
24 de julio de 2026
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