
Hay planes que se explican mejor con números que con adjetivos, y la Fiesta de las Flores de Campomayor es uno de ellos. Del 8 al 16 de agosto, Campo Maior —la localidad portuguesa conocida como la capital del café, en el distrito de Portalegre y a unos 20 o 30 kilómetros de la frontera— convierte su centro histórico en un jardín gigante: más de un centenar de calles adornadas que suman unos diez kilómetros de recorrido. La cifra que más impresiona es la del papel: unas 99 calles se llenan con más de 100.000 flores de papel por cada una. Esa decoración tiene nombre propio, enramação, y se monta en secreto, de modo que nadie sabe qué aspecto tendrá hasta que se descubre en la noche del 21 al 22 de agosto.
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Para quien se acerque desde Badajoz, el trayecto es corto, unos 30 minutos, y el formato se presta a ir en familia. Las entradas de la edición de 2026 cuestan 8 euros si se compran por anticipado, 10 euros en taquilla y 15 euros el pase general para acceder a los nueve días; los niños menores de 10 años entran gratis acompañados de un adulto con entrada válida. Se venden a través de Ticketline y, para compras de más de diez entradas, hay que escribir a reservas@ticketline.pt. El estacionamiento es libre en los aparcamientos oficiales, un detalle que aligera bastante la logística.
Detrás de todo ese papel hay una historia larga. La tradición viene del culto a San Juan Bautista, patrono de la villa, y de la antigua costumbre de las mujeres de recibir a sus maridos con flores cuando volvían de los caminos de la frontera. Las flores se fabrican con dos láminas de papel crepé, llamado pinocho, sobre un alambre forrado de tela y unidas con silicona caliente. Es un trabajo manual que se repite año tras año y que explica por qué el pueblo se toma tan en serio el secreto del montaje.
Ese trabajo artesanal ha llegado lejos: el 15 de diciembre de 2021, durante la XVI Sesión del Comité Intergubernamental en París, la UNESCO declaró la fiesta Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, bajo la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial que se adoptó en octubre de 2003 y entró en vigor el 20 de abril de 2006. La declaración reconoce precisamente ese vínculo entre la artesanía, la tradición comunitaria y la historia local.
En resumen, lo que se ve es un centro histórico cubierto de flores de papel, pero lo que sostiene la fiesta es una costumbre centenaria que ahora está reconocida internacionalmente. Con los precios claros y el acceso gratuito para los más pequeños, es una escapada sencilla y distinta para el mes de agosto, a un paso de casa.
Fecha de publicación
2 de agosto de 2026