
El Día Internacional del Ron se celebró ayer, 16 de agosto, y aunque en Badajoz no hubo una ruta oficial ni una programación municipal, la fecha sirve para poner el foco en una bebida que en España tiene más peso del que parece. El ron representa el 15,3% de las ventas en volumen de bebidas espirituosas, la cuarta categoría del mercado por detrás de licores, whisky y ginebra, y en 2025 el sector comercializó 173 millones de litros. Con esos números, el ron no es un invitado secundario en la barra.
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Lo primero que conviene aclarar es qué hay exactamente en la copa. Todo ron parte de la caña de azúcar, pero no todos parten de lo mismo: el ron tradicional se destila a partir de la melaza, el subproducto espeso que queda al cristalizar el azúcar, mientras que el ron agrícola se obtiene directamente del jugo fresco de la caña y tiene un perfil más vegetal y herbáceo, muy distinto del dulzor a caramelo y vainilla que asociamos a la barrica. El envejecimiento es la otra mitad de la ecuación, y en el Caribe la maduración corre mucho más rápido que en Europa por el calor: un año tropical no equivale a un año escocés, así que las cifras de las etiquetas no se comparan entre países sin más.
Ahí entra el mito del color, que es la confusión más extendida y la que más dinero mueve: un ron oscuro no es necesariamente un ron viejo. El color puede venir de la barrica, sí, pero también de la adición de caramelo colorante, una práctica legal y habitual en muchos mercados. Un ron puede pasar años en madera y salir claro si se filtra, y otro puede ser joven y presentarse casi negro. La segunda confusión es el azúcar añadido, que varios rones incorporan después de la destilación para redondear el paladar y que la etiqueta no siempre revela. Por eso, quien quiera saber qué está bebiendo debe fijarse menos en el color y más en el origen, el tipo de destilación y si el fabricante declara lo que añade.
En España el ron tiene raíz propia. En Canarias se destila caña desde hace siglos y existe una tradición de ron y de ron miel que va mucho más allá del recuerdo turístico; de hecho, el Ronmiel de Canarias está protegido por Indicación Geográfica. En la penísula, la industria embotelladora ha hecho del país una potencia exportadora que casi nadie asocia con la bebida: España ocupa el segundo puesto mundial en exportación de ron, solo por detrás de Alemania y por delante de Cuba y la República Dominicana.
Si el 16 de agosto te pilló sin plan, la mejor forma de celebrarlo en casa es con los clásicos bien hechos. El mojito lleva ron blanco, lima, hierbabuena, azúcar, hielo y agua con gas; el daiquiri, reconocido por la International Bartenders Association, se hace con ron blanco, zumo de lima y azúcar; la piña colada mezcla ron, zumo de piña y crema de coco batidos con hielo; y el cuba libre combina ron blanco, refresco de cola, zumo de lima y hielo. Espirituosos España recomienda usar medidores, respetar las proporciones y mantener un consumo responsable. Sin más, el ron es una de las pocas bebidas que se puede beber leyendo su historia: la caña, la colonia, el comercio atlántico y, después, el bar.
Fecha de publicación
17 de agosto de 2026
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