
El Cementerio Viejo de Badajoz, también conocido como Cementerio de San Juan, ha sido declarado Bien de Interés Cultural, y con esa etiqueta se consolida como un espacio patrimonial y cultural para visitar en la ciudad. Está en el Cerro del Viento, en la carretera de Olivenza, y es el mayor cementerio de Badajoz y de Extremadura, con más de 60.000 enterramientos. Se inauguró el 8 de diciembre de 1839, a las dos de la tarde, en el descenso del cerro.
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Su historia da para bastante. En 1838, bajo el alcalde Carlos Márquez, el cementerio se trasladó a la Alcazaba, donde se convirtió en una instalación de lujo con sepulcros de jaspe y mármol; al año siguiente se abrió el nuevo San Juan en el Cerro del Viento. En 1845 se mondaron los cementerios de San Francisco y la Luneta y se trasladaron sus restos aquí, mientras el de la Alcazaba se mantuvo como instalación secundaria. Durante la Guerra Civil, el cementerio vivió uno de sus capítulos más sangrientos: tras la toma de la ciudad por las tropas sublevadas el 14 de agosto de 1936, se desencadenó una represión que costó la vida a unos 4.000 partidarios de la Segunda República, fusilados en distintos puntos de la ciudad e incinerados y depositados en fosas comunes en las inmediaciones del camposanto. Fue la masacre de Badajoz, con enorme repercusión nacional e internacional; las imágenes de los fusilamientos las captó el periodista francés René Brut. En 1937 se ordenaron obras para quitar el aspecto de paredones de muerte de los muros.
Hoy ya no quedan nichos libres, todos están vendidos. Lo que sí hay son Puntos de Información Multimedia (PIM) con los que, introduciendo nombre y apellidos, puedes localizar un enterramiento y obtener fecha de inhumación o exhumación, zona, departamento, calle, número y si es nicho, tumba o panteón, además de un plano; mientras se usa el PIM suena el 'Ave verum' de Mozart. Entre los personajes ilustres enterrados están José María López y Rastrollo, alcalde durante la inauguración; Horacio Justo Perry Eduards, primer secretario de la Embajada de los Estados Unidos en España y esposo de Carolina Coronado; Tomás Romero de Castilla, teólogo y director del Museo Arqueológico Provincial; la propia Carolina Coronado, escritora del Romanticismo; Nicolás de Pablo y Sinforiano Madroñero, diputado y alcalde socialistas fusilados en la masacre; Ricardo Carapeto Zambrano, Adelardo Covarsí, Antonio Masa Campos, Luis Álvarez Lencero, Ricardo Carapeto Burgos, Carmelo Solís Rodríguez y Félix Lopo.
Las tumbas también cuentan. Destacan el monumento funerario gótico de Antonio Álvarez Ortiz, el historicista de Covarsí y los panteones de los arquitectos Ventura y Francisco Vaca; la tumba de José Clavel Esteve, alcalde en 1916; la de Carmen Albarrán García-Marqués, con una cruz roja por presidir la institución benéfica del mismo nombre; y la del conde de la Torre del Fresno, Francisco Fernández Marqueta, filántropo, con un busto que representa a Dios. En nichos están Carolina Coronado, la pedagoga Walda Lucenqui, Felipe Checa y el alcalde que inauguró el cementerio en 1839. Tres sepulcros son especialmente significativos: el que conserva los restos de los antiguos cementerios de la Alcazaba y la Luneta, trasladados en 1846; el panteón más alto del camposanto, el del estudiante de minas Reinerio Marcos, fallecido en 1885 a los 21 años, con una escultura del muchacho encima y dos candelabros de plata sujetos por esqueletos en su interior; y la tumba de 'El tío limones', Florentino Borrajo Calderita, vendedor de fruta, cuyo enterramiento costeó un grupo de intelectuales pacenses y cuya cabecera tiene plantado un naranjo.
La necrópolis civil conserva enterramientos de finales del siglo XIX y principios del XX de ateos, masones y católicos a los que la Iglesia negó la sepultura, con los túmulos del abogado Rubén Landa, de Isidoro Osorio y de Narciso Vázquez Lemus. La fosa común, recientemente sellada y ajardinada, es el lugar donde se quemaron y enterraron los cuerpos de los represaliados por el ejército sublevado dirigido por Yagüe, que tomó la ciudad hace ochenta años; allí fue donde René Brut tomó las imágenes de aquellos días de agosto de 1936. El memorial en homenaje a las víctimas de la Guerra Civil está al otro lado del cementerio. La fosa común también recuerda la mortandad por epidemias y originalmente servía para deshacerse de restos sanitarios y sepultar a pobres e indigentes. El paseo revela la alta mortalidad infantil del siglo XIX, con el cuadro y los nichos de los párvulos, y el Badajoz belicoso con sus tres cuadros de enterramientos militares.
Fecha de publicación
11 de agosto de 2026