
El vermú asturiano tiene su propio ritual y, en Avilés, ese ritual se traslada a los chigres. La cita fue el domingo 11 de octubre, cuando los establecimientos hosteleros de Piedras Blancas y Raíces se convirtieron en improvisados escenarios musicales a partir de las 12:30. La propuesta, impulsada por la Oficina de Cultura Asturiana de Castrillón, buscaba devolver las canciones tradicionales a su escenario más natural: el chigre, donde durante generaciones se ha mantenido la costumbre de cantar en compañía.
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El hilo conductor fueron las bandinas Los Collainos y Los Pelagatos, encargadas de poner música a la hora del vermú con un recorrido por diferentes bares. La idea no era un concierto cerrado, sino ir moviendo la música de un establecimiento a otro, siguiendo el ritmo pausado del aperitivo. Detrás está la Oficina de Cultura Asturiana de Castrillón, un servicio promovido por el Ayuntamiento, gestionado por la Federación Asturiana de Concejos y financiado por el Principado de Asturias, que encaja este tipo de actividades dentro de su programación.
Para quien no esté familiarizado con el término, el vermú es un licor aperitivo compuesto de vino blanco, ajenjo y otras sustancias amargas y tónicas. Su ingrediente secreto, el que le da ese sabor tan característico, es precisamente el ajenjo, aunque cada marca o bodega ajusta su propia combinación de extractos de hierbas, especias y frutas. Es la bebida clásica para tomar antes de comer, y su consumo llegó a ser tan habitual que la palabra "vermú" acabó designando el propio acto social de salir a tomar algo antes de la comida principal del día.
En Asturias, sin embargo, el vermú tiene una variante propia: la "compuesta". Así es como se conoce aquí al vermú preparado, esa mezcla alcohólica en la que predomina el producto vínico macerado con hierbas. Es más un concepto que una receta exacta, porque cada local guarda el secreto de su propio cóctel. En otras zonas del país se le da otro nombre —los vascos, por ejemplo, lo identifican como marianito preparado—, pero el momento de consumo es el mismo: la hora del aperitivo, antes de comer.
La tierra también aporta sus propias versiones. La Bodega Monasterio de Corias, en Cangas del Narcea, elabora un Vermut Blanco con uvas Albarín Blanco cultivadas en las montañas del concejo, de color dorado por su paso en barrica y pensado para aperitivos ligeros como encurtidos, frutos secos y quesos salados, servido bien frío y con una rodaja de limón. También produce un Vermut de manzana aromatizado con notas botánicas de su maceración con hierbas locales, y un Vermut de Barrica elaborado con uvas Albarín Negro y envejecido en roble, de color rubí con destellos granates, que pide aceitunas, snacks salados y frutos secos, servido fresco y con una rodaja de cáscara de naranja. Otros lagares asturianos han ido más allá, macerando sidra natural con hierbas durante uno o tres meses, y la ginebra asturiana también tiene su hueco en el aperitivo. La propuesta del domingo, en cualquier caso, puso el foco en lo más sencillo: música tradicional, chigres y una copa antes de comer.