
Sabugo es un barrio que engaña a primera vista. Se alza sobre un promontorio de unos once metros a orillas de la ría de Avilés, separado de la villa antigua por el río Tuluergo y las marismas que hoy forman el parque del Muelle y la Plaza Nueva, y en los papeles figura como pueblo en los documentos más antiguos y como barrio después. Es el único construido extramuros en el siglo XIII con trazado regular, y en la Baja Edad Media el puerto de Avilés fue el más importante de Asturias y uno de los más notables del mar Cantábrico gracias al comercio marítimo, sobre todo de sal. Hoy, sin embargo, su mayor reclamo no es el pasado marinero, sino lo que se puede comer en él: Sabugo se ha convertido en el epicentro gastronómico multicultural de Avilés, con locales de siete nacionalidades distintas.
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La calle de La Estación, que une Pedro Menéndez con la terminal de transportes, es la más cosmopolita del barrio. En ella se puede degustar kebab, pizzas napolitanas, curry indio o cebollas rellenas, tomar una cerveza artesanal asturiana o extranjera y terminar el día bailando cumbia en un bar colombiano. Entre los nombres con más peso está Sublime, el restaurante italiano dirigido por Tomasso Cristiano y Pasquale Russo; Cristiano, el pizzaiolo, quedó sexto en la olimpiada pizzera de Nápoles en 2022 y el local amplió su oferta hace menos de un mes. Taj Mahal, por su parte, es la propuesta india de Khalid M. Rofan, que lleva unos meses en Sabugo y destaca su ubicación céntrica, cerca de la estación.
La cocina local también tiene su sitio, y con un giro. Aimé, dirigido por Luis González y abierto hace tres años, luce un Sol Repsol y apuesta por comprar casi todo dentro del propio barrio, desde las verduras hasta las flores del local; sus platos estrella son las cebollas rellenas, el rabo de toro al chocolate, las mollejas y el torrezno. Y para los domingos, Cáscara, en la plaza de La Merced y también dirigido por Luis González Martínez, monta un brunch de 12:30 a 16:00 con frutas y zumos, panes 100% artesanales, bollería recién horneada, empanadas, escabeches caseros, hummus, crudités, la Ensaladilla del Marqués, tartaletas de temporada, quesos del mundo con el sello de garantía de Aitor Vega, una tabola italiana con productos de denominación de origen, el asado del día servido en directo, platos de cuchara de temporada —incluida la fabada asturiana con fabes y compango asturiano IGP—, tartas y postres, y el Mantecado de Avilés de la Confitería Galé. Las bebidas incluyen zumos naturales prensados en frío ECO, infusiones, tisanas, café solo o con leche y una botella de cava para dos, que se puede cambiar por vino blanco, tinto o cerveza. Los precios son 49 euros por adulto, 39 por adolescente de 13 a 17 años y 19 por infantil hasta los 12.
Alrededor quedan establecimientos especializados en cervezas artesanales y de importación, música colombiana y nombres como Casa Lin, La Botella, La Araña, Casa Marisa o El Pañol. Los hosteleros del barrio resumen la situación con sencillez: Sabugo es un ejemplo de convivencia y un referente culinario. Y si después de comer apetece un paseo, a un paso está el Centro Niemeyer, inaugurado en primavera de 2011 y único edificio en España diseñado por Oscar Niemeyer, con cinco edificios de hormigón, un auditorio de 1.000 personas, una Torre-Mirador con restaurante y una Cúpula de 4.000 metros cuadrados con escalera helicoidal.
Fecha de publicación
20 de agosto de 2026
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