
Hay restaurantes que cuentan una historia solo con el nombre, y El Poeta, en la calle de la Estación de Avilés, es uno de ellos. El local ocupa una añeja casa de tres pisos donde vivió y falleció el poeta y humorista asturiano Marcos del Torniellu; el nombre es un homenaje que le rindieron los miembros de la Cofradía del Bollu. Al entrar, un cuadro de Favila de 1938 retrata al autor ya entrado en años, y el edificio conserva rincones de espera, alacenas, lámparas y balcones que le dan un carácter muy propio.
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La sala la lleva Jacobo Rubén Pérez García, avilesino con abuelos leoneses hosteleros, y la cocina, Sara Zradgui, marroquí de la región de Settat, cerca de Casablanca, que tras estudiar comercio se reenganchó en los fogones. Se conocieron trabajando en Piedras Blancas y el proyecto ya ronda el primer lustro de vida. El local cierra los lunes y los martes, y maneja precios distintos según el día: el menú laborable ronda los 10,50 euros, el de fin de semana sube a los 18,50 y la media a la carta se sitúa en torno a los 25 euros. La puntuación acumulada en internet, con 4,4 sobre 5 y casi 800 reseñas, da una idea del rumbo que ha tomado.
La carta se mueve entre lo tradicional y lo original, con platos que no se encuentran en cualquier sitio. Entre los primeros aparecen el arroz negro con calamares, las carrilleras de ternera con cebolla y pasas, la merluza a la sidra, las croquetas de jamón ibérico con pollo y huevo picado, la corvina con parmentier y salsa de chalotas tostadas, el milhojas de meloso de ternera y ahumado de Pría, la fabada, el humus, el churrasco de Ávila, la kefta, la merluza con salsa de azafrán y espuma de algas, el cuscús, el pitu de caleya o el pulpo a la plancha, el tajín, los sardinines a la plancha y el briuat o blakaba. Es una mezcla que explica bien el origen de quien cocina.
Las opiniones recientes insisten en la relación calidad-precio y en el trato. Un cliente destaca el menú entre semana con fabada, croquetas de sepia, merluza a la marinera y secreto de cerdo con verduras salteadas; otro pone el foco en la originalidad de los platos, que se salen de lo típico sin perder el toque tradicional, y en una atención que califica de excelente. Hay quien repite desde hace años y valora la constancia del servicio, y quien, yendo sin reserva y con perro, agradece que le acomodaran en la zona de mesas altas de la puerta y se preocuparan de darle agua sin pedirlo. No todo es perfecto —alguna reseña apunta al frío de la sala en invierno o a cierta lentitud en cocina un sábado noche de agosto—, pero el balance general es muy positivo.
El contraste con el pasado es notable. En 2014, una reseña muy dura situaba al establecimiento en una lista de lugares no recomendables, criticando la atención, la calidad y la cantidad, y describiendo un menú del día que no convencía. Hoy, con casi una década de diferencia, El Poeta es un sitio distinto, con una propuesta elaborada y un equipo asentado, que ha sabido convertir una casa antigua en una parada con personalidad dentro de Avilés.