
El Palacio de Balsera, en la calle Julia de la Riva, 2, en pleno Casco Histórico de Avilés, lleva casi un año en obras y el resultado empieza a asomar. El edificio, catalogado como Bien de Interés Cultural desde 1991, lo levantó entre 1923 y 1942 el comerciante Victoriano Fernández Balsera, y durante décadas fue la sede del Conservatorio Municipal de Música Julián Orbón, hasta que este se trasladó a La Ferrería en 2025. Ahora se está transformando en un nuevo espacio expositivo y centro de arte abierto a la ciudadanía.
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La intervención cuesta 2.765.567,13 euros con IVA incluido, adjudicada a Cabero Edificaciones SA y financiada íntegramente con fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Next Generation. Las obras arrancaron el lunes 22 de noviembre de 2025, con un plazo de ejecución de un año, y se prevé que el majestuoso hall principal esté listo hacia el primer trimestre de 2027. La intervención abarca las seis plantas del edificio —sótano, planta baja, primera, segunda, tercera y cuarta—, que suman 1.228 metros cuadrados de superficie construida, y añade la construcción de un nuevo edificio anexo.
En la fachada se ha recuperado el abujardado original que había quedado oculto bajo capas de pintura. En la planta baja se está retirando la pintura de las columnas del hall para descubrir un barniz que simula el mármol, se mantienen los tonos azules de las paredes y se solucionan los daños por xilófagos del suelo de la antigua sala de auditorio. Uno de los detalles más esperados es la reinstalación de la vidriera del hall, restaurada por la empresa segoviana Vetraria Muñoz de Pablos con vidrios firmados por la bilbaína Delclaux y Compañía en 1917. La primera planta se convertirá en baños comunicados con el módulo de accesibilidad, con sanitarios del primer catálogo de Roca y radiadores restaurados; el tapizado original es estampado, aunque la normativa obliga a usar un material ignífugo. La segunda planta acogerá espacios administrativos y un aula de formación con un lucernario rehabilitado.
La parte menos vistosa es la que más cambia el uso del edificio. Por dentro se esconden 14 kilómetros de cableado nuevo y un sistema de ventilación que aprovecha el patinillo de la chimenea y el interior de armarios; las luces no LED se sustituyen por LED con regulación según la luz diurna y se incorpora un sistema de telegestión. Para que el palacio sea accesible se instalará un ascensor que sirva a todos los niveles y se construirá un módulo de comunicación accesible, un apéndice con fachada de láminas de zinc, ventanal y jardín vertical. En el proyecto intervienen Pelayo García, concejal de Servicios Urbanos, y Andrea del Cueto, arquitecta municipal, y la empresa contratista debe contar con un conservador-restaurador jefe con título universitario en Conservación Restauración de Bienes Culturales. De momento, el palacio sigue cerrado, pero el plan es que vuelva a abrir sus puertas como centro de arte.
Fecha de publicación
20 de octubre de 2026
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