
Hay conciertos que se disfrutan más por el sitio que por el programa, y el que ofreció la Orquesta Sinfónica Profesional de Asturias (OSPA) el pasado viernes 21 de agosto en Piedras Blancas encajaba justo en esa descripción. La cita fue en la parroquia de Santa María Madre de la Iglesia, en el entorno de la ría, con entrada libre y gratuita hasta completar aforo y las 20:00 como hora de inicio. La OSPA, que también responde como Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, llevó allí un programa compacto, de unos 42 minutos sin pausa, que repartió el protagonismo entre Mendelssohn y Beethoven.
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La primera parte corrió a cargo de la Obertura de Las Hébridas, Op. 26, de Felix Mendelssohn. Es una pieza con historia propia: se inspiró en la isla escocesa de Staffa y en la Cueva de Fingal, y esa evocación marina encajaba con naturalidad en un concierto celebrado junto a la ría. La obertura funciona como una postal sonora, con un carácter descriptivo que no necesita presentación y que sirvió para calentar motores antes del plato fuerte.
La segunda mitad fue para la Sinfonía n.º 2 en re mayor, Op. 36, de Ludwig van Beethoven, compuesta entre 1801 y 1802. Es una obra que se sitúa entre la Primera y la Tercera sinfonía, y que conserva mucho del lenguaje clásico que Beethoven heredó de Haydn y Mozart, aunque ya asoma por ahí la fuerza que después lo haría famoso. Al ser una pieza más contenida que sus grandes éxitos posteriores, funciona bien en un formato de concierto al aire libre, sin necesidad de grandes artificios.
Detrás del podio estuvo Miguel Sepúlveda, nacido en Lisboa en 1998, con Luis María Suárez como concertino. La juventud del director es un dato que no pasa desapercibido cuando se compara con el repertorio tan asentado que se interpretó, y formó parte del atractivo de ver a una orquesta profesional dirigida por alguien de su generación. El programa, al no tener pausa, se escuchó casi de una sentada, lo que lo convirtió en una cita cultural ágil y accesible, sin más requisito que presentarse a tiempo para coger sitio.
El formato gratuito y al aire libre es el que hace que este tipo de propuestas lleguen a público que no suele pisar las salas de conciertos. Poder escuchar a la orquesta profesional del Principado en un entorno tan cotidiano como la ría de Piedras Blancas, y sin pagar entrada, es precisamente lo que convierte estas actuaciones en algo distinto a un concierto convencional. La combinación de un programa clásico, un director joven y un entorno relajado resumió bien lo que fue la velada.
Fecha de publicación
23 de agosto de 2026
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