
Si uno quiere entender el dulce más antiguo de Asturias, hay que mirar hacia Avilés. El Mantecado de Avilés, que también se conoce como Bollo de Avilés o Bollo de Pascua, lleva más de tres siglos en el repertorio local: viene del siglo XVII, una fecha que lo sitúa bastante antes que a la tarta gijonesa o a los carbayones. La receta sigue el sistema del cuatro cuartos, con cuatro ingredientes en proporción igual —harina de trigo, manteca de vaca o mantequilla, huevos y azúcar—, y el resultado es un bizcocho húmedo, denso y firme, rematado con un glaseado de azúcar.
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Su origen tiene una lectura interesante. Nació como provisión para los emigrantes asturianos que cruzaban el Atlántico hacia América, y en el siglo XIX la tradición se transformó en el regalo que los padrinos hacían a sus ahijados el Domingo de Resurrección. De esa costumbre salió la Fiesta de El Bollo, que se celebra en Avilés el domingo y el lunes de Pascua y que en 1972 fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. El domingo arranca con pregón, misa solemne en la iglesia de San Nicolás de Bari y un desfile de carrozas, xarrés y grupos folclóricos; el lunes llega la tradicional comida en la calle en el casco histórico, que en 2010 reunió a 23.000 personas.
El mantecado está ligado al nombre de la Confitería Galé, fundada por Manuel Galé en 1876. La confitería histórica cerró en la década de los noventa, pero el legado lo recuperó en los años veinte el chef Alejandro Montes, que elabora el dulce en el obrador del Hotel Palacio de Avilés a partir de la receta conservada por Manolo Galé, descendiente de la familia fundadora. Hoy se puede comprar en Ultramarinos La Avilesina, el espacio gourmet que abrió en diciembre de 2024 en la calle La Muralla, 1, y en el propio Hotel Palacio de Avilés.
El dulce no se ha quedado en el pasado. En marzo de 2026 se celebró la primera edición del concurso 'El mejor mantecado de Avilés', organizado por el Palacio de Avilés y Ultramarinos La Avilesina con el patrocinio de la Confitería Galé; el primer premio se lo llevó Rubén López, un bombero avilesino que atribuyó su resultado a tamizar la harina y añadir los huevos uno a uno. Y el 6 de agosto, el mantecado protagonizó una jornada en los Cursos de La Granda bajo el título '¿Puede un dulce convertirse en bandera de una ciudad?'.
Aunque se consume durante todo el año, su versión festiva, el Bollo de Pascua, se presenta en forma de estrella de cuatro puntas o cruz redondeada, en varios pisos y decorado con glaseado, plumas y figuras tradicionales. Para acompañarlo, lo habitual es café, chocolate, ron o coñac. Así que, si te apetece una ruta gastronómica por la comarca, el mantecado es un buen punto de partida: tres siglos de historia resumidos en cuatro ingredientes y un glaseado.
Fecha de publicación
10 de agosto de 2026