
El Castillo de Gauzón, en el Peñón de Raíces, a orillas de la ría de Avilés, ha abierto sus puertas con una propuesta distinta: en lugar de una visita turística convencional, lo que se enseña es cómo se cuida la piedra. La iniciativa se llama 'Restauración en abierto' y consiste en visitas breves a intervenciones reales de conservación y restauración, guiadas por profesionales del sector. La impulsan la Escuela Superior de Arte del Principado de Asturias (ESAPA) y la Asociación de Conservadores-Restauradores de Bienes Culturales de Asturias (ARA), y está dirigida a todos los públicos.
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La primera cita fue el jueves 15 de octubre a las 17:00, con una duración de menos de una hora, y reunió a una veintena de personas entre las que había alumnos de la ESAPA y vecinos apasionados por la historia. La historiadora y restauradora Noelia Calderón organiza y realiza las visitas, que se repiten una vez al mes a lo largo del curso escolar, de octubre a junio. El calendario de las próximas se publica y se actualiza en el tablón de anuncios de Estibadores, en la entrada.
Para quien quiera ir un paso más allá, hay visitas guiadas en las que se puede asistir a los trabajos del equipo de investigadores y descubrir cómo vivían los primitivos reyes en sus castillos más antiguos, con actividades de dinamización cultural como talleres, conciertos y recreaciones. La siguiente está programada para el jueves 22 de octubre, con horarios a las 12:00 y a las 17:00; la guía corre a cargo del propio equipo de arqueología que trabaja en el yacimiento e incluye el Monasterio de Santa María de Raíces y el Centro de Interpretación del Castillo de Gauzón. La actividad es gratuita, para todos los públicos, y las reservas se gestionan llamando al 646 846 108.
El sitio da para mucho. El castillo se menciona ya en el año 741 y fue reconstruido por Alfonso III a finales del siglo IX; es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Edad Media en el norte de España, con una primera fortaleza hispano-visigoda datada en los siglos VI y VII. En su etapa de esplendor, entre los siglos VIII y X, se levantaron enormes torres y un espacio de palacio con iglesia que servía de residencia temporal a los monarcas. Desde aquí se vigila el puerto frente a ataques de piratas, árabes o vikingos. En su interior se fabricó en el año 908 la Cruz de la Victoria, principal símbolo del Principado de Asturias, elaborada durante el reinado de Alfonso III. El castillo se abandonó en el siglo XIV.
Los trabajos de conservación y restauración se llevan a cabo desde 2007. Se ha excavado el 40% de un yacimiento de unos 11.000 metros cuadrados, y en los alrededores han aparecido restos de espadas, puntas de flecha, dardos, pendientes de bronce, afiladores, alfileres y dados de hueso. El castillo se utilizó como cantera durante muchos siglos, con terrazas escalonadas que en algunos puntos obligaron a excavar dos metros de profundidad. El recorrido termina en el Monasterio de la Merced. La Cruz de la Victoria, por su parte, es una pieza de madera recubierta de oro, esmaltes y pedrería que hoy se conserva en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, y cuya historia —robos, restauraciones y leyendas— corre en paralelo a la del castillo que la vio nacer.
Fecha de publicación
17 de octubre de 2026
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