
Avilés se ha quedado con el sabor de una primera edición que no pasó desapercibida. La Bienal Climática, que estrenó su formato en la ciudad asturiana bajo el título Ensayar lo inesperado, cerró el pasado 20 de septiembre con un balance redondo: 7.500 asistentes y una participación que difícilmente se repite en este tipo de citas. La inauguración se celebró en el Parque Ferrera, con ministros y autoridades locales presentes, entre ellos la alcaldesa Mariví Monteserín y la vicepresidenta del Principado de Asturias, Gimena Llamedo, y desde ese acto se fue desplegando lo que terminó siendo una muestra cultural para entender el cambio climático desde el arte.
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Las cifras dan una idea del tamaño del montaje. Participaron 47 artistas y 154 entidades, y el contenido se repartió en trece espacios expositivos distribuidos por Avilés y el territorio asturiano. Entre esos lugares aparecen los palacios de Camposagrado y Valdecarzana, La Grapa, La Curtidora, el Centro Niemeyer, el Campus de España de la Universidad ArcelorMittal, el CMAE, la Biblioteca de La Luz, la Factoría Cultural y La Noria. En total hubo más de sesenta actividades, organizadas en torno a tres ejes temáticos: Estación Meteo, dedicado a nuevas formas de observar y comunicar lo atmosférico; Industrias Presentes, sobre los imaginarios de la transición industrial y energética; y Duelos y Júbilos, que abordaba las dimensiones emocionales, sociales y culturales de las transformaciones contemporáneas.
Por los nombres que pasaron por esos espacios hay material para rato. Entre los artistas y colectivos nacionales e internacionales estuvieron Lawrence Abu Hamdan, Gabriela Bettini, Carolina Caycedo, Agnes Essonti, Naiza Khan, Otobong Nkanga y Amanda Piña. Algunos proyectos quedaron grabados más que otros: El banquete de las doncellas, de Agnes Essonti; Florecimiento, de Amanda Piña; Nube Móvil, de Rotor Studio; y Bibliokepos, en la Biblioteca de La Luz. La Bienal no se quedó solo en colgar cuadros: incluyó residencias artísticas en la AEMET, la Agencia Estatal de Meteorología, y el prototipado de proyectos para espacios públicos, con la idea de cruzar arte, ciencia y políticas públicas en favor de una transición climática justa.
Detrás del comisariado hubo un trabajo de fondo. Fue un comisariado colegiado que contó con la investigación de la artista asturiana Elisa Cuesta, autora de proyectos como Una cartografía crítica de Avilés, y la dirección artística corrió a cargo de Amanda Masha Caminals, con la colaboración de Miguel Soberón, director de Atelier itd. La Bienal nació de una alianza entre el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, el Principado de Asturias, el Ayuntamiento de Avilés y la fundación Atelier itd, con el Protocolo General de Actuación firmado el 20 de enero de 2025 en la propia ciudad. La buena noticia para quien se la perdió es que el proyecto es nómada y bianual, así que volverá a moverse y a abrirse en otra edición más adelante.
Fecha de publicación
4 de octubre de 2026