
Antequera es uno de esos pueblos que parecen diseñados para una escapada de un solo día. Está en el corazón de Andalucía, a unos 45 kilómetros de Málaga, y concentra el 75% del patrimonio histórico-artístico de toda la provincia, así que lo que se ve aquí en unas horas no se encuentra repartido por casi ningún otro rincón de la región. Su nombre, Antikaria, viene de Antia y Aquaria, y por sus tierras se ha vivido desde el Paleolítico.
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La jornada conviene empezar por lo más antiguo. El Sitio de los Dólmenes de Antequera entró en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2016 y reúne tres monumentos megalíticos —los dólmenes de Menga y Viera y el tholos de El Romeral— y dos bienes naturales: la Peña de los Enamorados, ese peñón calizo de unos 800 metros que desde lejos parece un indio, y el Torcal de Antequera, un paisaje kárstico que se puede recorrer por sus senderos. El conjunto de dólmenes es gratuito y se puede visitar sin prisa, con el de Menga como gran protagonista: sus losas superan las 180 toneladas y se calcula que tiene unos 6.000 años. La Peña, por su parte, es el único dolmen de la Europa continental orientado hacia una montaña antropomorfa, y su silueta es el perfil más reconocible de la ciudad.
Después, el casco histórico se recorre casi entero a pie. La Alcazaba, conocida como la fortaleza de Papabellotas, domina el perfil urbano y conserva murallas del siglo XIV levantadas con material romano; dentro hay jardines, restos arqueológicos y un antiguo aljibe de ladrillo. A pocos pasos está la Real Colegiata de Santa María la Mayor, un edificio renacentista del siglo XVI que fue la primera iglesia columnaria de Andalucía, con sus tres naves, sus columnas jónicas y un artesonado mudéjar que merece detenerse. Entre una y otra aparecen el Arco de los Gigantes, un vano de medio punto de 1585 que sustituyó un acceso de la cerca musulmana, y las Termas Romanas, descubiertas en 1988 y prueba del antiguo asentamiento de Antikaria.
Para cerrar el día, el Torcal es el sitio ideal al atardecer, con su mirador de las Ventanillas y el monumento natural del Tornillo. Si te quedas a comer, no te vayas sin probar el mollete antequerano, ese pan blanco poco cocido y esponjoso, y la porra antequerana, la sopa fría de pan, aceite, tomate, pimiento y ajo. De postre, el bienmesabe, que se compra en las confiterías o directamente en el convento de Belén. Con eso, Antequera se resume en una jornada: dólmenes por la mañana, casco histórico al mediodía y el Torcal al caer la tarde.
Fecha de publicación
16 de agosto de 2026