
El Castillo de Santa Bárbara tiene desde el 23 de julio una razón más para subir al monte Benacantil: la exposición '3.000 años de cultura del vino Alicante', que se puede ver hasta enero de 2027. La muestra ocupa el Patio de Armas del baluarte, uno de los espacios más reconocibles de la fortaleza, y la impulsan el Consejo Regulador de la DOP Alicante y Esatur, la empresa que gestiona el monumento. La inauguración reunió a la concejala de Turismo, Ana Poquet, al gerente del Consejo Regulador, Eladio Martín, y a profesionales y aficionados al mundo del vino.
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Lo que se cuenta son tres milenios de historia vitivinícola alicantina, desde las primeras civilizaciones que plantaron la vid hasta la proyección turística y enoturística de hoy. La lectura no es la habitual: se apoya en la ilustración contemporánea y reúne el trabajo de tres autores. Miguel Calatayud, tres veces Premio Nacional de Ilustración; Erre Gálvez, diseñador multidisciplinar nacido en Elda que trabaja con collages de revistas antiguas y objetos encontrados; y Paula Alenda, historiadora del arte e ilustradora especializada en literatura infantil. La muestra nació en 2022 y, entre ese año y 2024, recorrió doce municipios de la provincia —Dénia, Campello, Torrevieja, Benidorm, Elche, Elda, Villena, Calp, Alcoi, Aspe, Orihuela y la propia capital— antes de volver al castillo. Como complemento, durante todo el periodo de apertura se celebrarán catas semanales con vinos de la Denominación de Origen Protegida Alicante.
El escenario no es menor. El castillo es el monumento más visitado de la ciudad, con cerca de 950.000 visitantes al año, y está declarado Bien de interés cultural desde 1961. Su nombre lo tomó el 4 de diciembre de 1248, cuando el infante Alfonso de Castilla, futuro Alfonso X el Sabio, lo tomó a los árabes. Sus orígenes se remontan a finales del siglo IX, en época musulmana, aunque en sus laderas hay restos de la Edad del Bronce, ibéricos y romanos. Por sus muros han pasado Jaime II de Aragón, que lo remodeló en 1296; Pedro IV el Ceremonoso, que rectificó el recinto casi un siglo después; y Carlos I, que ordenó su fortificación a comienzos del siglo XVI. La gran reforma llegó con Felipe II, con las dependencias que se ven hoy, construidas entre 1562 y 1580.
La historia del castillo también es la de Alicante. Sufrió bombardeos franceses en 1691, estuvo en manos inglesas durante la guerra de Sucesión y fue escenario de la Rebelión de Boné en 1844. Su última acción militar fue en 1873, cuando la fragata Numancia, en manos cantonalistas, lanzó proyectiles sobre la población y el castillo, que quedó desartillado veinte años después. Durante la guerra civil sirvió para recluir prisioneros y funcionó como campo de concentración franquista hasta finales de 1939. Estuvo en abandono hasta 1963, cuando se inauguraron los dos ascensores que recorren la montaña, con 142,70 metros de altura, a los que se accede por un túnel que nace en la avenida de Jovellanos, frente a la playa del Postiguet. Desde allí arriba se divisa toda la bahía, y la mole rocosa, que se asemeja a una cara y se conoce como «la cara del moro», completa el conjunto.
Fecha de publicación
27 de julio de 2026