
Hay planes que se venden como 'rincones secretos' y que, en realidad, no están tan cerca como parecen. El Molí del Salt es uno de ellos: no está en Alcoy, sino en Benilloba, en la comarca del Comtat, a unos 66 kilómetros de Alicante y a casi una hora en coche desde Alcoy. Merece la aclaración porque, aunque no es un paseo de barrio, sí es una escapada viable para quien esté dispuesto a moverse un poco.
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El protagonista es un salto de agua de casi veinte metros que el río Frainos —también conocido como Penàguila— ha ido esculpiendo en la roca caliza durante millones de años. Junto a esa cascada se levantó entre 1760 y 1770 un molino harinero, considerado el más singular de toda la comarca. Su historia da para varias vidas: lo construyeron los condes de Revillagigedo para moler cereal; en 1865 lo compró Benjamín Barrié Dosonié, cónsul británico en el Reino de Valencia; y en 1899 pasó a manos de la Sociedad Eléctrica de Benilloba, que lo reconvirtió para producir energía hidroeléctrica y abastecer a los pueblos vecinos. Funcionó hasta la década de 1940, cuando se integró en la Sociedad Hidroeléctrica, y en 2017 fue declarado Bien de Relevancia Local.
Aquí viene la parte que conviene tener clara antes de coger el coche: el edificio está en ruinas avanzadas. Los tejados se han hundido y solo quedan en pie las paredes, aunque se conservan las puertas y las esquinas de sillería. Por el peligro de desprendimiento, el acceso al molino está verjado y prohibido visitarlo por dentro. A su lado hay otro molino, el Molí de les Penyes del Salt, construido en 1852 por Francisco Ximeno Blanes, también en avanzado estado de ruina. Lo que se va a ver, pues, es la fachada colgada sobre el vacío junto a la cascada, no el interior.
La buena noticia es que el entorno compensa. La ruta se hace por la Senda dels Molins de Benilloba, que arranca aparcando a la entrada del pueblo, pasando por el casco antiguo, las antiguas escuelas y el Carrer Major en dirección a la iglesia, y luego por el Carrer Cocentaina hacia el Molí del Salt. En menos de un kilómetro se llega al área recreativa donde empieza la senda. Hay dos opciones: una circular de 4,5 kilómetros con 180 metros de desnivel, que se hace en unas dos horas y media y es apta para niños desde los 7 u 8 años; y un recorrido corto de unos dos kilómetros ida y vuelta, media hora y 46 metros de desnivel, que puede hacer un niño desde los 3 años (sin carrito, sí con mochila). La senda está bien señalizada, con barandilla de madera y escaleras de mampostería.
El otoño es la mejor época por el caudal del salto, aunque la primavera y el verano a horas no calurosas también funcionan; conviene saber que el caudal depende de las lluvias y puede llegar a secarse en temporada de sequía. Por el camino se ven restos de acueductos, fuentes, puentes y el antiguo puente de piedra que daba acceso al molino, y cerca está el área recreativa de Penàguila, el Jardín de Santos, con jardín botánico, laberinto, merendero y juegos infantiles. En la comarca del Comtat quedan restos de 59 molinos harineros, y Benilloba es puerta de entrada al Parque Natural de la Sierra de Mariola.
Fecha de publicación
18 de agosto de 2026
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