
Hay edificios que uno pasa delante todos los días sin detenerse, y que solo cobran sentido cuando alguien cuenta su historia. La Plaza de Abastos de San Pedro, en la calle Mayor 46, es uno de esos rincones de Alcantarilla. En mayo celebró su centenario, cien años desde que se levantó en 1926, y el homenaje que le rindió el Ayuntamiento sirve como excusa para mirar con otros ojos un mercado que lleva un siglo siendo parte del día a día del centro.
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La historia del edificio explica mucho del Alcantarilla de principios del siglo XX. Antes de él, el mercado se hacía al aire libre, y la construcción respondió a las nuevas normas higiénicas de la época: pasar del puesto improvisado en la calle a un espacio cerrado y regulado. Con esos 996 metros cuadrados, Alcantarilla se colocó entre las primeras localidades de la Región de Murcia en levantar una infraestructura de este tipo, en pleno auge de su industria conservera. La firma detrás del proyecto fue la del arquitecto murciano José Antonio Rodríguez Martínez (1868-1938), nacido precisamente en la calle de la Morera, que dejó en el edificio una estructura exenta de dos fachadas y una nave cubierta de teja sobre armadura de hierro, con detalles decorativos que recuerdan a la Plaza de Abastos de Verónicas de Murcia, obra de Pedro Cerdán. En 2018 fue declarado Bien Catalogado por su relevancia cultural.
El centenario no fue solo una fecha en el calendario. El Ayuntamiento organizó un homenaje en el que la alcaldesa, Paqui Terol, reconoció el papel de los comerciantes y los vecinos, y entregó una placa a la familia Domingo-Cascales, que mantiene su comercio desde los inicios del mercado. Es un gesto que pone rostro al papel del mercado: más allá del edificio, lo que lo sostiene es la gente que lleva décadas atendiendo detrás del mostrador. La figura del arquitecto también tuvo su espacio, porque Rodríguez Martínez no fue un autor menor: fue Arquitecto Municipal de Murcia entre 1902 y 1928, con un estilo que se mueve entre el novecentismo y el modernismo historicista, y que firmó otros proyectos conocidos como la Casa Díaz Cassou, el Hospital para sacerdotes conocido como La Convalecencia y el Teatro Ortiz.
Para quien le guste el contexto histórico, el mercado está ligado a otro capítulo curioso de la villa. En 1928, Alcantarilla formó parte del Circuito Nacional de Firmes Especiales del Ministerio de Obras Públicas, un plan creado por Real Decreto-Ley en 1926 para pavimentar con adoquines itinerarios de valor histórico y artístico y adaptarlos al tráfico automovilístico, bajo la dirección del ingeniero Diego Templado Martínez. Un año después, el tranvía desapareció. Así que la Plaza de Abastos no solo cambió la forma de comprar en el pueblo, sino que fue testigo del momento en que Alcantarilla empezó a cambiar el adoquín y el coche por el tranvía.
Cien años después, el mercado sigue en pie y sigue funcionando. La Plaza de Abastos de San Pedro es un ejemplo de cómo un edificio pensado para algo tan cotidiano como comprar fruta y pescado puede acabar convirtiéndose en un elemento con historia propia. Si vives cerca o pasas por la calle Mayor, merece la pena entrar y fijarse en los detalles que lo hacen distinto.
Fecha de publicación
26 de julio de 2026
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