
Alcantarilla ha estrenado un espacio que no es lo que parece a primera vista. El Paraje Las Caracolas, inaugurado el lunes 27 de julio por la alcaldesa Paqui Terol y el presidente de la Región, Fernando López Miras, se presenta como un nuevo pulmón verde entre la ribera del río Segura y el Parque del Acueducto, pero debajo de todo ese verde hay una obra de ingeniería hidráulica pensada para proteger el río.
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La parte que no se ve es la más determinante. Bajo el paraje hay un tanque de tormentas subterráneo con capacidad para recoger los primeros 9.900-10.000 metros cúbicos de agua que arrastran las lluvias fuertes, evitando que los sedimentos contaminantes lleguen al Segura. El depósito mide 90 metros de largo, 25 de ancho y 4,5 de alto, e incorpora un sistema automático de limpieza; el agua recogida se envía después a la estación depuradora para poder reutilizarla en riego. El proyecto nace, precisamente, como respuesta a los vertidos de aguas sin tratar que la Confederación Hidrográfica del Segura había detectado y que habían derivado en expedientes sancionadores contra los ayuntamientos de Murcia y Alcantarilla.
En superficie, lo que se ha creado es un espacio de más de 10.000 metros cuadrados diseñado para el ocio y la educación ambiental. Se ha recreado la huerta tradicional con 160 árboles frutales y cítricos repartidos en cuatro grandes huertos, donde conviven tomates, lechugas, apio, pimientos y berenjenas. A eso se suman más de 1.000 ejemplares de unas sesenta especies aromáticas y culinarias —lavanda, romero, albahaca, perejil, hierbabuena o cebollino—, con caminos de tierra, acequias, áreas de descanso y zonas de ocio que se integran en el entorno del Museo de la Huerta. Es un buen sitio para una tarde tranquila, con los huertos como telón de fondo.
El paraje también rinde homenaje a la historia hídrica del municipio y a la figura de Pedro Jara Carrillo, poeta y periodista alcantarillero. Como símbolo central, el Ayuntamiento ha instalado una gran escultura de caracola, el instrumento que durante siglos se usaba para avisar de las riadas, en la que se ha grabado un fragmento de su obra 'Las caracolas'. La referencia no es casual: el nombre del paraje viene precisamente de ahí, del aviso que se daba con la caracola cuando el agua bajaba con fuerza por el río.
Detrás hay cuatro años de trabajo y una inversión de 4 millones de euros, en un modelo de colaboración público-privada entre el Ayuntamiento, el Gobierno regional, la Fundación PepsiCo, Alvalle y Veolia, con la empresa Abala como ejecutora. En el conjunto, el Paraje Las Caracolas funciona como un doble escudo: por un lado, evita que las lluvias fuertes ensucien el Segura y, por otro, recupera un trozo de paisaje tradicional para el uso diario, con la huerta y la memoria del agua como hilo conductor.
Fecha de publicación
30 de agosto de 2026
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