
Desde Alcalá de Henares, la Alcarria de Guadalajara ofrece una escapada para organizar en un día o convertir en una ruta de fin de semana. El recorrido mezcla pueblos históricos, ríos, embalses, cascadas y productos locales, con paradas que se pueden adaptar según el tiempo disponible. La primavera aporta campos de amapolas y colza, mientras que el verano suma los campos de lavanda de Brihuega y las zonas de baño del entorno de Bolarque y Entrepeñas. En otoño e invierno hay menos afluencia y el paisaje cambia de color.
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Para una primera toma de contacto, Torija, Trijueque y Hita forman un buen tramo inicial. Torija queda junto a la A-2 y su castillo alberga el Centro de Interpretación Turística de Guadalajara. En Trijueque, el llamado Balcón de La Alcarria ofrece una panorámica abierta sobre el paisaje, mientras que Hita conserva su trazado medieval y referencias al Libro de buen amor. Brihuega añade murallas, cuevas árabes, el Jardín de la Fábrica y, durante el verano, los campos de lavanda.
La parte más monumental de la ruta puede continuar hacia Pastrana, la Villa Ducal. Su Plaza de la Hora, el Palacio Ducal y la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción concentran buena parte de la visita. El Museo Parroquial de Tapices se recorre con visita guiada y conserva piezas flamencas del siglo XV. También merece un paseo el casco histórico, con el Arco de San Francisco, la Fuente de los Cuatro Caños y el barrio del Albaicín. Desde allí, Zorita de los Canes y el parque arqueológico de Recópolis permiten cambiar la arquitectura renacentista por restos de época visigoda y musulmana. Recópolis abre de jueves a domingos y festivos, con entrada general de 5€ y reducida de 3€; estos horarios y tarifas conviene confirmarlos antes de salir.
El paisaje de agua aparece con más fuerza en Bolarque, donde confluyen el Guadiela y el Tajo, y en el embalse de Entrepeñas. La playa de Bolarque cuenta en temporada alta con arena, césped, merenderos, duchas y socorrismo, aunque el acceso estival es de pago y las condiciones pueden cambiar cada año. En Sacedón se puede seguir la ruta hacia la ermita del Socorro, un recorrido circular de 18,7 kilómetros que pasa por miradores, la presa de Entrepeñas y la ribera del Tajo. Para una caminata más corta, Trillo reúne en el propio casco urbano las cascadas del río Cifuentes, el puente sobre el Tajo y varios espacios vinculados a la energía hidráulica. El paseo de las cascadas tiene unos 1,97 kilómetros y dificultad muy baja.
La ruta también deja espacio para pueblos pequeños. Cifuentes, conocido por sus manantiales, conserva el castillo de Don Juan Manuel, la iglesia del Salvador, restos de muralla y varias ermitas. En Moranchel, los murales y trampantojos de Asun Vicente convierten las fachadas en un recorrido artístico al aire libre; como el pueblo tiene menos de 40 habitantes y no dispone de establecimientos, es recomendable llevar agua. Para comer, la cocina de la comarca gira alrededor del cordero, el cabrito, la caza, las migas, las gachas, las truchas, las setas y los productos de la matanza. La despensa se completa con la miel de La Alcarria, el aceite elaborado con variedad verdeja, los vinos de Mondéjar, Vinos de Madrid y Uclés, y dulces como los bizcochos borrachos o las tortas de Brihuega. Así, desde Alcalá se puede plantear una salida centrada en patrimonio, naturaleza o mesa sin alejarse de la identidad propia de la comarca.
Fecha de publicación
16 de septiembre de 2026
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