
Hay piezas que pasan décadas sin que nadie sepa dónde están, y luego aparece un repostero del siglo XVII en una dependencia del Ayuntamiento de Alcalá de Henares. La pieza, que data de 1681 y lleva las armas de la ciudad, se puede ver en la planta noble del edificio del antiguo Hospital de San Juan de Dios, y cuenta una historia bastante curiosa: narra un conflicto de 24 años que impidió celebrar fiestas públicas, sobre todo corridas de toros, en la plaza del mercado, la actual plaza de Cervantes. Pertenecía al Marqués de Bedmar, embajador en Venecia, y funciona como símbolo de la autoridad y el poder de la ciudad.
Cada semana elegimos 🏆 los 5 mejores 🏆 planes de Alcalá de Henares y te los enviamos. Solo un email semanal, sin spam.
Al enviar tu correo, aceptas nuestra Política de Privacidad
El hallazgo tiene su propia anécdota. Se produjo en los primeros días de abril de 2017, cuando el conserje mayor del Ayuntamiento, Ricardo Pérez, lo encontró en una de las dependencias del edificio, después de que en primavera se iniciara la búsqueda sabiéndose su existencia pero no su ubicación exacta. A partir de ahí, la pieza pasó por la Real Fábrica de Tapices para su restauración, un proceso que explicó el técnico José Vicente Pérez Palomar. El alcalde, Javier Rodríguez Palacios, la calificó como «fundamental de la historia de nuestra ciudad», y su presentación se hizo el 2 de diciembre, aniversario de la declaración de Alcalá de Henares como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998, que en aquel momento cumplía 19 años.
El edificio que lo acoge es el Palacio Consistorial, cuya reforma definitiva se terminó en 1875. Dentro, la Sala de Junta de Gobierno conserva el gran repostero con baldaquino del siglo XVII junto a un facsímil de la partida de bautismo de Cervantes y la Biblia Políglota Complutense. Frente a la puerta, tras una reja moderna realizada por Jesús Prades, cuelga el cuadro de San Bartolomé, copia de Ribera, que recuerda que las ferias y fiestas alcalaínas empiezan alrededor del día de ese santo. El Salón de Plenos, obra de Adolfo Fernández Casanova también acabada en 1875, está decorado con estucos de yeso que imitan el mármol y seis medallones que recuerdan a Cervantes, Cisneros, Antonio Solís, Pedro Gumiel, Juan Martín «El Empecinado» y Antonio de Nebrija. En el pasillo se guardan las cuatro mazas ceremoniales de plata de la ciudad —dos obra del platero Gabriel de Ceballos, de principios del siglo XVII, y la otra pareja una copia del XVIII de Mateo Pérez— y el antiguo «Arcón de Fondos» del Ayuntamiento, blindado con varillas de hierro y tres llaves.
Todo esto queda a un paso de la plaza de Cervantes, la conocida como Plaza Mayor, un espacio rectangular de 11.900 metros cuadrados —200 por 60— que data del siglo XIII y que en sus orígenes quedaba fuera del recinto amurallado. En el centro está la estatua de Miguel de Cervantes, del escultor Carlo Nicoli, inaugurada el 9 de octubre de 1879 sobre un pedestal decorado con relieves del Quijote de Pepe Noja, y el Quiosco de la Música, construido en 1898 y diseñado por Martín Pastells. La plaza fue escenario de corridas de toros hasta el siglo XIX, el mismo tipo de fiestas que aquel repostero del siglo XVII dejó constancia de no poder celebrar. La historia y el proceso de conservación de la pieza los explicaron el cronista oficial de la ciudad, Manuel Vicente Sánchez Moltó, nacido en 1958 y autor de numerosas publicaciones sobre Alcalá, y el técnico de restauración José Vicente Pérez Palomar.
Fecha de publicación
10 de agosto de 2026
Más información