
Hay rincones de Alcalá que uno pisa todos los días sin saber qué hay debajo. La Plaza de Cervantes, el corazón del casco histórico y Patrimonio Mundial por la UNESCO, es uno de ellos. Desde el 12 de agosto, cuando el Ayuntamiento terminó los trabajos de rehabilitación, se puede bajar al refugio antiaéreo que estuvo oculto bajo sus adoquines durante más de cuarenta años.
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La historia del refugio es tan curiosa como su reaparición. Se construyó en 1938, en plena Guerra Civil, en el extremo norte de la plaza, y lo hizo con dinero de los propios vecinos: entre las aportaciones hubo 25.000 pesetas del presidente Azaña. Para levantarlo se aprovecharon los sillares de la iglesia de Santa María la Mayor, incendiada el 29 de julio de 1936. El resultado fue un espacio de 38 metros de largo y casi 80 metros cuadrados de planta que resistió los bombardeos de la Legión Cóndor y los Stuka. Pasó décadas olvidado hasta que en noviembre de 2023, tras tres semanas de excavación arqueológica, volvió a salir a la luz.
La rehabilitación que se ha completado no ha sido un simple lavado de cara. Al entrar se detectaron niveles de amoniaco veinte veces superiores al máximo recomendado, consecuencia de la humedad de los pozos de los años cuarenta, así que la prioridad fue instalar un sistema de ventilación forzada. A eso se sumaron nueva iluminación, una limpieza completa y la restauración de elementos originales, como las palomillas de porcelana y las estructuras de madera de 1938. El concejal de Patrimonio Histórico, Vicente Pérez, explicó que la entrada queda en una cota más baja que el solado de la plaza y se accede por una escalera resguardada con una valla metálica. El espacio se ha dedicado a la interpretación del refugio y se prevén visitas guiadas regulares con un aforo muy limitado, dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Lo interesante es cómo encaja esta visita en un paseo por el centro. La Plaza de Cervantes es el espacio más emblemático de la ciudad, con el Monumento a Miguel de Cervantes Saavedra —bronce de Pedro Nicoli, 2,09 metros y 750 kilos, inaugurado el 9 de octubre de 1879—, el Corral de Comedias de 1601 y el Quiosco de la Música de 1898. A pocos pasos, en la calle Libreros, 25, está la Iglesia de Santa María, iniciada en 1567 y terminada entre 1602 y 1620 por los arquitectos Bartolomé de Bustamante y Francisco de Mora, con su fachada de granito y las esculturas talladas por Manuel Pereira en 1624. Anexa se encuentra la Capilla de las Santas Formas, del siglo XVII, donde se veneran 26 formas consagradas que no se descomponen desde 1597.
Bajar al refugio es, en el fondo, descubrir una capa más de la historia de Alcalá que estuvo ahí todo el tiempo sin que nadie lo notara. Con la rehabilitación terminada, el subsuelo de la plaza pasa a formar parte del recorrido habitual del centro, y no cuesta nada sumarlo a una tarde por el casco antiguo.
Fecha de publicación
22 de agosto de 2026
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