
Hay propuestas que funcionan precisamente por lo que no son, y Ópera a Quemarropa es una de ellas. El festival volvió a tomar la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares el pasado sábado 18 de julio a las 21:00 con la tercera edición de La Plaza, una cita del Festival de Ópera de Cámara que cuenta con el respaldo de la Comunidad de Madrid. Si te lo perdiste, merece la pena entender qué es lo que se montó allí, porque no es la ópera que uno suele tener en la cabeza.
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La pieza la firma la dramaturga y directora Caro Perelman, y su planteamiento es lo que marca la diferencia: en lugar de un escenario elevado y distante, el público rodea la acción. Esa disposición cambia por completo la forma de escuchar y de mirar, y es parte del lenguaje escénico contemporáneo que el proyecto persigue. La idea, que se fue gestando durante una residencia en el Centro Cultural Paco Rabal, es romper con las barreras de la ópera tradicional y llevarla a un entorno no convencional, donde la distancia entre quien canta y quien escucha se reduce al mínimo.
En lo musical, el reparto reúne voces y texturas poco habituales en el género. La soprano Aurora Galán encabeza el elenco, acompañada por las mezzosopranos Ana Molin y Carla Sampedro, y el soporte instrumental combina lo clásico con lo inesperado: el compositor y guitarrista Guil Treistman y el compositor de música electrónica Brian Topham. A ellos se suma la colaboración de la Escuela Superior de Canto, lo que da una idea del tamaño y del carácter híbrido de la propuesta. La dirección artística del festival recae en Ruth González y Ricardo Campelo, y el resultado es una pieza que se aleja del formato de concierto para acercarse más a una experiencia escénica.
El hecho de que la entrada fuera gratuita no es un detalle menor, porque es parte del planteamiento del festival: hacer accesible un género que a menudo se percibe como cerrado o elitista. Al sacarlo al aire libre y eliminar el precio, La Plaza se convirtió en una cita abierta a cualquiera que pasara por el centro, sin más requisito que acercarse y escuchar. Es, en el fondo, una forma de entender la ópera no como un evento de gala, sino como un acto vivo y compartido en medio de la ciudad.
Aunque la función ya haya pasado, el formato de Ópera a Quemarropa deja una idea interesante sobre cómo reapropiarse de los espacios públicos con propuestas culturales que no piden permiso ni siguen el guion habitual. La tercera edición de La Plaza confirmó que el festival tiene sitio en la agenda cultural de Alcalá, y que una plaza puede convertirse en escenario sin necesidad de grandes infraestructuras, solo con buena música y un punto de vista distinto. Queda el precedente para quien se lo perdió y para quien quiera estar atento a lo que siga saliendo del Festival de Ópera de Cámara.
Fecha de publicación
25 de julio de 2026
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