
A unos 25 kilómetros de Albacete, por la A-31, hay un cerro que manda sobre toda la llanura manchega. Encima está el Castillo de Chinchilla de Montearagón, también conocido como el Castillo del Marqués, una fortaleza de planta poligonal con trece torreones circulares y un foso seco excavado en la roca, de unos seis metros de profundidad y diez de anchura, que se cruza por dos puentes de madera. La visita se hace por el exterior; el interior no se puede recorrer por dentro.
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La historia del sitio es larga. El cerro estuvo habitado por íberos y romanos antes de la etapa musulmana, y fue reconquistado por el infante don Alfonso en 1241. La forma que vemos hoy se la debe Juan Pacheco, marqués de Villena, que lo adquirió en 1449 y lo restauró por completo. En 1479 pasó a la corona castellana tras la contienda entre el marquesado y la reina Isabel la Católica, y por sus muros pasaron las Guerras de Sucesión, la batalla de Almansa y la Guerra de la Independencia. Del siglo XVII hasta el XX funcionó como penal, y no fue hasta 1963 cuando el ayuntamiento pidió su desafección del Patrimonio del Estado y pasó a ser municipal y visitable.
Uno de los episodios más conocidos es el de César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, que fue traído preso a España en 1504 por orden de Fernando el Católico y enviado al castillo, que entonces pertenecía al duque de Maqueda. En 1488, los Reyes Católicos entraron por la Puerta Herrada para jurar los fueros locales. La fortaleza conserva dos puertas principales, al este y al oeste, flanqueadas por cubos semicirculares, con saeteras estrechas, dovelas y arcos de medio punto adornados con escudos y motivos heráldicos. Dentro queda el patio de armas, donde se alzaba la torre del homenaje —hoy desaparecida—, restos de aljibes, caballerizas, un horno de pan, el edificio de la guarnición, almacenes y una pequeña ermita dedicada a la Virgen del Carmen.
El entorno da para alargar la escapada. A los pies de las murallas están las casas-cueva con sus chimeneas encaladas, y cerca quedan la Plaza de la Mancha, la Iglesia Arciprestal de Santa María del Salvador, con gótico, barroco y renacentista, el convento mudéjar de Santo Domingo, el convento de Santa Ana, la Ermita de San Antón, los baños árabes y el Pozo de la Peña, un yacimiento íbero-romano. El castillo forma parte de la Ruta de los Castillos de Albacete y del Camino de Santiago del Levante.
La Oficina de Turismo organiza visitas guiadas adaptadas. La primera, «Claustro Mudéjar», arranca en el antiguo convento de Santo Domingo, pasa por el edificio renacentista de Las Tercias Reales y la Plaza de la Mancha, y termina con visita libre al Centro de Interpretación del Castillo; dura una hora y media y cuesta 15 euros. La segunda, «Entrada al Castillo», sale del Centro de Interpretación y recorre la Plaza de la Mancha, la Puerta de los Diablos y Tiradores —última puerta de época árabe, del siglo XIII—, el barrio de las Cuevas del Agujero y la subida al castillo; también dura una hora y media. Las dos juntas cuestan 25 euros. El Museo de Cerámica Nacional se visita por 2 euros reservando por teléfono, y la guía en papel cuesta 3 euros. La oficina abre de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00.
Fecha de publicación
12 de septiembre de 2026