
El otoño en el Parque Nacional de Cabañeros tiene una banda sonora muy concreta: los bramidos de los ciervos. La berrea es el fenómeno más esperado del parque, y este año se puede seguir hasta el 25 de octubre, así que todavía queda margen para acercarse. El pico de intensidad ya ha pasado —estuvo entre el 20 de septiembre y el 10 de octubre—, pero la temporada sigue viva.
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Para quien no lo conozca, la berrea es el momento en que los machos emiten esos bramidos potentes para atraer a las hembras y marcar territorio. El mejor momento para escucharla es temprano por la mañana o al atardecer, que es cuando los animales están más activos. Conviene ir preparado: ropa de abrigo por capas y calzado adecuado para terreno irregular, porque las mañanas y las tardes ya refrescan bastante.
Hay varios puntos desde los que observar. El Mirador del Rocigalgo es uno de los más recomendados para escuchar los bramidos y, con suerte, ver algún enfrentamiento entre machos. La Raña de Santiago, una vasta llanura semiarbolada que muchos llaman el «Serengeti español», concentra mucha fauna y se recorre mejor en las rutas guiadas en 4x4. Navas de Estena queda a unos 200 metros de la entrada del parque y sirve como punto de partida, y el Observatorio de Casa Palillos, en el Centro de Visitantes, ofrece vistas sobre la raña; el centro abre a las 9:00 y cierra al anochecer, aunque su exposición y la maqueta están cerradas por obras.
La forma más cómoda de adentrarse es con las rutas en todoterreno que gestiona la empresa concesionaria, Aventuras Cabañeros. En octubre las salidas son a las 08:00, 11:30 y 17:00, y hay dos modalidades: la visita completa, de tres horas y unos 30 kilómetros, a 32,50 euros el adulto y 26 el infantil; y la reducida, de hora y media y 15 kilómetros, a 22,50 y 17,50 euros respectivamente. La reserva es obligatoria y se hace por teléfono o por su web, con un mínimo de dos personas para la tarifa general.
Si prefieres ir a pie, existen visitas guiadas gratuitas que también requieren reserva previa a través de la central de parques nacionales. Hay senderos para todos los niveles: el Boquerón del Estena, unos 8 kilómetros ida y vuelta por la ribera del río con fósiles de más de 400 millones de años; la Colada de Navalrincón, que une los centros de visitantes de Casa Palillos y la Torre de Abraham; la Plaza de los Moros, un circular corto que sube hasta los 812 metros con vistas a los Montes de Toledo; o el Chorro de los Navalucillos, con cascadas y ascenso al pico Rocigalgo, el más alto de la zona. Para los más exigentes está el Macizo del Rocigalgo, casi 20 kilómetros por el terreno más abrupto del parque.
Cabañeros es un parque joven: el Estado compró la finca en 1987 para un campo de tiro, se declaró Parque Natural en 1988 y alcanzó la categoría de Parque Nacional en 1995. Hoy supera las 40.000 hectáreas repartidas entre Ciudad Real y Toledo, y la berrea es, sin duda, la excusa más bonita para conocerlo antes de que el otoño avance.
Fecha de publicación
5 de octubre de 2026