
La pesca del calamar se ha hecho un hueco entre los planes de ocio junto al mar en A Coruña. Se puede practicar desde la orilla y, con el material adecuado, también desde una embarcación pequeña. Para una primera jornada no hace falta montar un equipo complicado: una caña de entre 1,80 y 3,30 metros, de acción medium o medium-light, y un carrete ligero de tamaño 1000, 2500 o 4000 son una base suficiente. La línea puede ser trenzada de 0,20-0,30 milímetros, fluorocarbono o nylon.
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Lo que marca la diferencia son las jibioneras, egis o pajaritos, señuelos diseñados para imitar pequeños crustáceos y otros animales que atraen al calamar. Para empezar, los tamaños 2.5 o 3.0 resultan manejables. Conviene llevar varios colores —rosa, naranja, dorado, plata, glow o UV— porque la luz y el estado del agua pueden cambiar durante la jornada. Entre las opciones disponibles aparecen modelos de DUEL y YO-ZURI, como la Yo-Zuri Aurie Q 3D Prism 2.5, con un precio indicado de 9,40€, o la Duel EZ-Q Dartmaster 3.0, de 12,95€. También hay alternativas de Tubertini para líneas, anzuelos y accesorios. Los precios pueden variar, así que es recomendable comprobar la ficha del producto antes de comprar.
En A Coruña, la búsqueda tiene sentido en zonas del litoral con estructura y movimiento de agua: espigones, diques, puertos, escollos rocosos, puntas y playas profundas. Las áreas iluminadas artificialmente suelen ser una referencia habitual, igual que las puntas de paso hacia pequeñas calas y los extremos de escolleras, siempre que la normativa y las condiciones del lugar permitan pescar. No hace falta desplazarse fuera de la ciudad para plantear una salida: la clave está en escoger un punto accesible, estable y con espacio suficiente para lanzar sin molestar a otras personas.
El momento también cuenta. El alba, el atardecer y la noche son franjas habituales de actividad, mientras que el verano suele ofrecer buenas oportunidades. Las dos últimas horas de subida de marea, junto con la primera de bajada, aparecen como periodos interesantes. Una vez en el puesto, se lanza el egi y se mantiene la línea tensa durante el descenso, ya que la picada puede producirse mientras el señuelo cae. Después se hacen tres o cuatro tirones cortos y se deja reposar entre cinco y ocho segundos, alternando el fondo y las medias aguas. Para sacar la captura, una sacadera evita forzar la línea, especialmente si se pesca desde un muelle o una zona elevada.
Si el plan es familiar, lo más importante es adaptar la jornada a la seguridad de la orilla. Para los niños conviene utilizar equipos ligeros, mantenerlos alejados de los anzuelos y no acercarse a bordes resbaladizos, escolleras o zonas expuestas al oleaje. También hay que consultar las normas de pesca de la Xunta de Galicia, incluidas las especies, tallas y zonas permitidas. Al terminar, limpiar los señuelos con un cepillo y agua dulce ayuda a retirar la sal y mantenerlos en buen estado. Con una caja pequeña de egis, una sacadera y algo de paciencia, la primera salida puede centrarse en aprender a leer el litoral y familiarizarse con una técnica sencilla, sin convertirla en una compra grande desde el primer día.
Fecha de publicación
13 de septiembre de 2026
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