
Si pasas por la zona de la calle Torreiro y la Galera en A Coruña, es casi imposible que no te fijes en la esquina donde se encuentra La Bombilla. Es uno de esos establecimientos que parecen haberse detenido en el tiempo, y no es una frase hecha. Desde que abrió sus puertas originalmente en 1937, y especialmente desde que en 1966 se hicieron cargo de él dos matrimonios que regresaban de la emigración en Uruguay y Brasil, el local ha mantenido una esencia que hoy en día es difícil de encontrar en el centro de las ciudades. No esperes lujos ni mesas para sentarte a cenar con calma; aquí la experiencia ocurre en la barra o de pie, compartiendo el espacio de apenas 50 metros cuadrados con el resto de clientes, especialmente los fines de semana cuando las colas suelen asomar por la puerta.
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Lo que hace que este sitio siga funcionando después de tantas décadas es su sencillez absoluta. La gestión actual corre a cargo de Diana Bar, hija de los fundadores Generoso y Esperanza, quien mantiene intacta la filosofía del negocio. El local está lleno de detalles que cuentan su trayectoria, como los míticos servilleteros fabricados con botes de Cola Cao o la colección de parches de cuerpos de policía enmarcados sobre la pequeña cocina. Es un ambiente familiar y ruidoso donde se mezclan clientes que llevan acudiendo a diario desde hace cincuenta años con visitantes que llegan atraídos por las reseñas en prensa internacional, como la que publicó en su día el diario británico The Guardian.
En cuanto a la propuesta gastronómica, la carta es corta y no admite experimentos. El protagonista indiscutible es el croquetón. Se trata de una croqueta de jamón y cocido de un tamaño considerablemente superior al habitual. La razón de este formato es puramente logística: la cocina es tan pequeña que resulta mucho más eficiente para el equipo preparar piezas grandes que dedicar tiempo a bolear cientos de unidades pequeñas. Llevan más de medio siglo utilizando esta receta que se ha convertido en el símbolo de la casa. Otro de los pilares del menú es la tortilla, que siempre se sirve sin cebolla y con una textura jugosa, alejándose del estilo más líquido de Betanzos pero manteniendo un sabor muy casero.
Además de estos dos clásicos, la oferta incluye la milanesa, que consiste en un filete de cerdo empanado acompañado de patatas fritas y un trozo de pimiento asado, los choricitos, las albóndigas o la ensaladilla. Los precios se mantienen en una línea muy popular para lo que es el centro de A Coruña; actualmente cada pincho tiene un precio de 1,70 euros, lo que permite probar varias opciones sin que el presupuesto se dispare. Es cocina de barrio, con sabores que recuerdan a los platos de siempre, servida de forma rápida y sin pretensiones.
Recientemente, en marzo de 2026, el establecimiento ha sido reconocido con un Solete de la Guía Repsol, un distintivo que premia precisamente esos lugares auténticos que forman parte del ADN de una ciudad. Si tienes pensado acercarte, recuerda que no aceptan reservas. El funcionamiento es el de toda la vida: pides en la barra, esperas a que te entreguen tu tapa y buscas un hueco donde puedas. Los horarios de apertura son de 12:30 a 16:30 y de 19:30 a 23:30 de lunes a jueves, ampliando el cierre hasta la 01:00 los viernes y sábados. Los domingos el local permanece cerrado por descanso del personal. Es un sitio para ir con calzado cómodo y sin prisas, aceptando que el bullicio forma parte inseparable de la visita.
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