
El fin de semana pasado, Boedo volvió a demostrar que el tamaño no importa cuando se trata de marisco. El núcleo rural, en la parroquia de Veiga, dentro del municipio de Culleredo, celebró del 22 al 24 de agosto la XX edición de su Gran Cigalada, con el eslogan '1.100 kilos de marisco para cerrar agosto en Culleredo'. La asociación Amigos de Boedo, con el apoyo del Concello, convirtió una vez más el polígono industrial del lugar en el epicentro del marisco gallego.
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La jornada grande fue el sábado 22. A las 19:00 arrancó el servicio, con una ración de cigalas —aproximadamente medio kilo— acompañada de pan, vino y café por 17 euros, y la organización calculaba servir unas 3.000 raciones. Detrás hay un montaje que no admite atajos: las cigalas se cocinan sobre parrillas alimentadas con leña, no en planchas eléctricas, y la preparación empieza a las 16:00, tres horas antes de que se sirva la primera ración. Son veinte parrillas, con dos personas en cada una, manipulando el marisco con varillas de más de un metro; el equipo de trabajo en parrillas y carpas ronda las sesenta personas, con un núcleo organizativo de una decena más. El recinto se acondicionó con carpas, mesas, zonas de servicio y aparcamiento habilitado en terrenos próximos, y el acceso desde A Coruña se hizo por la tercera ronda, saliendo por Ledoño en dirección a Cerceda, con la fiesta señalizada.
Al terminar la cena del sábado llegó la verbena, con Unión y Fuerza, Grupo Ritmo y el DJ Teo. El domingo 23, día de San Roque, hubo misa solemne a las 13:00 en el Centro Social, el tradicional sorteo del cerdo mediante puja, sesión vermú y verbena nocturna con la orquesta Galaxia. Y el lunes 24, día de San Antón, la jornada se cerró con sesión vermú a cargo de La Bamba, juegos infantiles y de mesa para los mayores por la tarde, y verbena de despedida con la orquesta Salsarena y el grupo La Bamba.
Uno de los momentos más peculiares fue la versión local de la cucaracha, adaptada a una parroquia sin río ni ría: en lugar de agua, los participantes debían superar una estructura de aproximadamente metro y medio en una zona de barro, y la organización recomendaba hacerlo con ropa blanca. Es el tipo de detalle que explica por qué una aldea que ronda los 85 habitantes es capaz de reunir a miles de personas cada agosto.
La cifra de marisco es el termómetro que sigue la fiesta año tras año. En 2023 se sirvieron 1.000 kilos para 10.000 visitantes; en 2024, 1.200 kilos para 12.000; y en 2025, 1.300 kilos para 13.000 personas. La edición de este año, con sus 1.100 kilos, se mantuvo en esa misma liga, y el año pasado llegaron a congregarse más de 3.500 personas en un lugar que apenas supera los ochenta habitantes. Boedo cerró agosto como lo hace desde hace dos décadas: con las parrillas llenas y el pueblo desbordado.
Fecha de publicación
26 de agosto de 2026
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